Gestión pública descentralizada del emprendimiento y la innovación en el Bicentenario

Sobre el Autor: Bronny Loayza es Project Manager en Peru Global Projects PGP, con experiencia en gestión comercial, marketing, administración, finanzas y emprendimiento. 

“Si hay una nueva visión política que inspire a nuestros gobernantes a desplegar nuevas estrategias de desarrollo económico y social, manteniendo la cercanía con la población, implementado una gestión por resultados en todas las Instituciones del Estado, el Perú podría alcanzar una nueva convivencia social y una reactivación económica inclusiva en los próximos 3 a 5 años.”

A pocos meses de celebrar 200 años de fundación republicana, el Perú tiene grandes retos pendientes por superar; algunos de ellos son: la alta informalidad empresarial y laboral, la baja productividad empresarial (especialmente en las micro y pequeñas empresas), la excesiva concentración de grandes y medianas empresas en Lima; entre otros. Si queremos llegar a ser un país moderno, desarrollado y descentralizado, es necesario comprometer a los diversos actores del sector público y privado a superar estos retos a través de una “agenda país”.

Cada día, miles de peruanos emprenden un negocio ya sea por necesidad de emplearse o por una oportunidad identificada en el mercado. Los emprendimientos en general explican la actual estructura empresarial de la economía peruana[1] conformada por el 95.9% de microempresas, 3.6% son pequeñas empresas, 0,1% son medianas empresas; y sólo el 0,4% son grandes empresas formales. A su vez, la gran mayoría de emprendedores se mueven en la informalidad y contratan alrededor del 72% de los trabajadores informales siendo la principal fuente de empleo para la mayoría de peruanos en todas las regiones del país[2]. Por su parte, las medianas y grandes empresas son quienes tienen mayor capacidad para contratar empleo formal están ubicadas mayormente en Lima con el 66.4% y 72.62% respectivamente.

Son diversos los motivos que explican la informalidad empresarial y laboral; algunos tienen que ver con barreras legales para la formalización, otros con el comportamiento del empresario (es conveniente mantenerse en la informalidad); y otros con la baja productividad de las empresas. Para poder mejorar la productividad y competitividad de los emprendimientos, mypes, pymes y empresas en general, se debe fomentar la innovación como uno de sus componentes principales[3]; ello implica adoptar una nueva mentalidad para que los emprendedores, empresarios y el Estado inviertan y apuesten por la innovación.

Por el lado de los emprendedores, hay un avance interesante -pero insuficiente- en la generación de nuevas empresas con perfil innovador y potencial de crecimiento en el mercado; particularmente en Lima, en donde se encuentran los agentes que forman el ecosistema de emprendimiento e innovación. Fuera de Lima, los emprendedores innovadores tienen dificultades para acceder a mercados de mayor tamaño, a inversionistas y en generar sinergias con grandes empresas; adicionalmente a ello, no cuentan con el apoyo formal de los gobiernos locales.

En el empresariado, la innovación cuesta ser entendida en su real dimensión y aún no es considerada por muchos gremios empresariales como prioridad y factor clave para poder competir en estos tiempos. Salvo excepciones, en general hay barreras para desarrollar una cultura de innovación a nivel organizacional y destinar parte de las utilidades en I+D.

Por el lado del Estado, el emprendimiento y la innovación es gestionada directamente por el gobierno central a través de los Ministerios y el Concytec como organismo especializado. Los logros obtenidos a la fecha no parecen estar claros; sin embargo, la inversión en innovación debería ser al menos cinco veces más de lo que se invierte hoy; para ello, se ha elaborado el Plan Nacional de Competitividad y Productividad 2019-2030 el cual se encuentra en ejecución.

Por lo expuesto líneas arriba, es necesario realizar cambios comenzando por la mentalidad de la clase política que dirige el país. El Perú es diverso, complejo y no es viable dirigirlo como si fuera sólo una parte de Lima (“Lima Moderna”), es necesario adoptar un sistema de gestión pública descentralizada en una segunda fase y adaptada a los tiempos actuales. Estas reformas deben considerar la formación de verdaderas regiones -y no departamentos- para pasar de 26 gobiernos regionales a 12-16 con indicadores y metas asignadas (Ej.: crecimiento del empleo formal, n° de Startups regionales, etc.), articulados con los programas nacionales del gobierno central y empoderados eficazmente junto con sus funcionarios de las Gerencias de Desarrollo Económico y Social. Asimismo, las reformas deben incluir a las 194 Municipalidades Provinciales y 1,634 Municipalidades Distritales urbanas y rurales de todo el país.

Los países desarrollados normalmente son descentralizados y dependen tanto de la inversión privada como pública; es por ello que no llama la atención que las autoridades de gobiernos subnacionales promuevan la inversión privada en sus territorios, fomenten el crecimiento y la internacionalización de sus empresas representativas, al igual que sus startups y el arribo de talento humano a sus regiones. Si hay una nueva visión política que inspire a nuestros gobernantes a desplegar nuevas estrategias de desarrollo económico y social manteniendo la cercanía con la población, implementado una gestión por resultados en todas las Instituciones del Estado, el Perú podría alcanzar una nueva convivencia social y una reactivación económica inclusiva en los próximos 3 a 5 años.
 

[1] Anuario Estadístico Industrial, MIPYME y Comercio Interno – Produce 2018
[2] Economía informal en Perú: Situación actual y perspectivas – CEPLAN mayo 2016
[3] La Productividad como clave del crecimiento y el desarrollo del Perú y el mundo – BCRP junio 2016

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