La Paradoja de la colaboración

Sobre la Autora: Pamela Antonioli De Rutté es Gerente en Hub de Innovación Minera del Perú.

“La colaboración, en la búsqueda de sumar valor, termina siendo el aliado perfecto de la innovación, y como tal, requiere ser inspirada, conectada y orquestada. Cuando hablamos de colaboración, uno más uno siempre es mayor a dos.”

Hoy en día, que muchos hablamos de innovación abierta, de sumar esfuerzos, de solidaridad en tiempos de crisis, ¿quién podría oponerse a la idea de que colaborar es bueno? Nadie. ¿Quién sería portavoz de los perjuicios de la colaboración? Y si hubiera uno, ¿no lo miraríamos como bicho raro?

Entonces, la pregunta que cae de madura es ¿por qué no colaboramos más? ¿Por qué, si es obvio que es beneficiosa la colaboración, no ha llegado a ser una práctica común? Alguna vez un colega y amigo, durante el Programa Global de Aceleración de Políticas de Innovación en el Reino Unido, dio una respuesta tan certera como breve: “Colaborar duele”.

En efecto, y es ahí donde reside la paradoja de la colaboración. Colaborar no es fácil por dos motivos: demanda tiempo y confianza (que, a su vez, toma tiempo). La colaboración parte de la premisa, válida, de que se suman experiencias y capacidades, se comparten riesgos y se gana tiempo con la contribución de cada una de las partes. Pero a la vez, en la práctica, las iniciativas en colaboración muchas veces son percibidas como un sinfín de reuniones, pérdida de tiempo, desconcentración de las tareas urgentes, entre otras.  Es así que, para que uno apueste por la colaboración, el impacto – visto como mejores resultados, trabajo/recursos compartido o en el efecto de serendipia – debe ser mayor al esfuerzo que demanda, es decir, que realmente se perciban los beneficios de hacer algo en conjunto versus hacerlo individualmente.

¿Cómo lograr esta inecuación a favor de la colaboración? A continuación, tres puntos clave:
Primero, es importante poner en relieve el grado de interacción: la verdadera colaboración, a diferencia de la cooperación, involucra el compartir objetivos y la toma de decisiones de manera conjunta, por ello, se obtienen mejores resultados cuando se trabajan proyectos de innovación orientados al reto. Si hablamos de innovación en colaboración, como no es sencillo predeterminar el impacto, conviene vender el sueño en lugar del plan, de manera que se asuma el objetivo común.

Segundo, el esfuerzo de trabajar en colaboración debe plasmarse en el establecimiento de roles y de una comunicación frecuente. En la colaboración la complementariedad de competencias es fundamental y, en ese sentido, una práctica saludable es que cada parte demuestre sus habilidades y mencione sus debilidades.

Tercero, y no menos importante, se requiere liderazgo y nunca olvidar que la colaboración se reduce a personas. Como sucede en la innovación, en la colaboración, la moneda corriente no es el producto sino el talento en las personas, son las personas quienes deciden si hay o no valor en algo.
Finalmente, la colaboración, en la búsqueda de sumar valor, termina siendo el aliado perfecto de la innovación, y como tal, requiere ser inspirada, conectada y orquestada. Cuando hablamos de colaboración, uno más uno siempre es mayor a dos.

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