Laboratorios de Innovación: ¿Valor o Irrelevancia?

“En el camino de sostenibilidad y servicio se diseña la estrategia de negocio, que incluye la construcción del futuro. Ese futuro debe ser intrínseco a la compañía, no un apéndice elegante que llamamos laboratorio de innovación.”

Durante estos años hemos tenido un hipo en favor de la innovación que ha generado un movimiento juvenil (no necesariamente rejuvenecedor) dentro de muchas compañías. Los resultados han sido mixtos, pero lo común es que los laboratorios de innovación fracasen en su gran mayoría, como menciona un reporte de Capgemini ya en 2017.

Muchos reconocen su error y luego de un par de años sin resultados directos (valor para la empresa) y muchas estadísticas de vanidad (alcance, personas entrevistadas, modelos hechos, sesiones realizadas, nuevo conocimiento adquirido, encuestas de satisfacción, etc.), generan un downsize o una transformación – para que no suene tan a fracaso. Bienvenidos al teatro de la innovación.

El daño no es la innovación per se, sino la pleitesía – casi culto – a la innovación. Muchos ritos, mucho afán de ruido con o sin nueces, mucho de “soy diferente”. Díganle eso a los patriarcas de la compañía cuando la fundaron sin post-its, paredes pizarra, “open spaces” ni libros sobre Lean Startup y modelos de negocio.  Sin embargo, debemos admitir que esto ya pasó antes – hace muchos años – con las áreas de investigación y desarrollo que, ante el menor contratiempo, fueron el gasto #1 en la lista de reducción. Gracias a esa miopía estratégica, se inventó la “Reingeniería de Negocios” y ahora -aunque no está del todo claro- tenemos a la “Transformación Digital”.

El objetivo de toda compañía es siempre el mismo, sostenibilidad propia para servir a sus stakeholders (accionistas, clientes, sociedad, medio ambiente). Ya cada uno le asigna ponderaciones a cada stakeholder para su mezcla ideal, pero los basics ahí están.

En ese camino de sostenibilidad y servicio se diseña la estrategia de negocio, que incluye la construcción del futuro. Ese futuro debe ser intrínseco a la compañía, no un apéndice elegante que llamamos laboratorio de innovación. Intraemprendedores bienvenidos, pero como parte de una diversidad que es lo que convierte a una compañía en su esencia, en su marca.

Voy a resumir lo mencionado por Tendayi Viki sobre las razones por las cuales es correcto que tu CEO cierre tu laboratorio de innovación:

1.    No teníamos un verdadero laboratorio de innovación: al confundirse innovación por creatividad e ideas interesantes sin modelos de negocio sostenibles.
2.    Falta de alineación estratégica: al focalizarse mucho en innovación y poco en la estrategia de la compañía. ¿Por qué? Por separar demasiado a la innovación, como si fuera una función aparte y desligada. Al final no hay quien ejecute la innovación.
3.    Falta de enfoque: muchas buenas ideas, pero sin real alcance. Y peor, malas ideas sin nadie quien las mate. Flores y mala hierba son una mala combinación que no sólo mata al laboratorio de innovación, sino que puede matar a la compañía.
4.    Puro Teatro (de la innovación): gasto innecesario en una subcultura (¡no en la cultura organizacional!) más uso de jerga anti-cultura y anti-unidad empresarial: MVPs, pivots, tribus, sprints, iteraciones, design thinking… “Puede parecerse a la firma de diseño y consultoría IDEO, pero no es IDEO”.
5.    Show Me The Money: el último clavo en el ataúd para la mayoría de los laboratorios de innovación. Nula contribución a los ingresos a pesar de años de continuidad. Muchas métricas de actividad y vanidad tales como eventos organizados, menciones de prensa, experimentos, número de conversaciones con los clientes, número de hackatones y productos mínimos viables lanzados. Mientras tanto, ROI negativo y Cero Negocios validados a Escala.

Sólo un apunte al margen: El fin de un Laboratorio de Innovación debe ser siempre la sostenibilidad de la compañía y del servicio a sus stakeholders. Puede que sí se cumpla ese rol, aunque para efectos de PR no siempre se pinte así. No nos llevemos a equivocación al observar media sobre los laboratorios.

La pregunta está ahí: ¿cómo hacemos para convertir esta isla en un continente?; o mejor, ¿cómo diseñamos un gran puerto a esta isla para que sea un nodo dentro de la compañía, alineada – y no alienada – a la estrategia de negocios?. La respuesta a esta pregunta conlleva un proceso de “des-idolización” de la innovación y un proceso contracorriente para darle a la innovación un significado común y sencillo de entender – tanto como el resto de procesos de negocio. Manos a la obra.

El sentido común de negocios nos señala una vía: crear el máximo output (valor) con el mínimo input (costo). La innovación no funciona diferente. Para ello, todos en la compañía deben entender el “innovar” como una acción natural dentro del argot común, al mismo nivel que los términos “vender”, “comprar”, “negociar”, “servir”, “ganar”.

No pedimos mucho, sólo autenticidad y sentido común. ¿O sí?

Sobre el autor:
Javier Benavides es un experto en innovación y finanzas. Es socio de Investa VB, un gestor de ecosistemas de innovación corporativa. Nuestra misión es transformar compañías de manera racional y – en compás con sólidas estrategias – generar espacios para que la innovación aterrice de manera asertiva, entendible y eficiente.

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