“No quiero innovación abierta”- Por qué te doy la razón (en parte)

Sobre el Autor: Javier Benavides es socio de Investa VB, financiero y estratega de la innovación. Realidad y futuro juntos para construir puentes racionales entre la innovación (un medio) y el core business corporativo con un objetivo claro: capturar mercados y ganar la preferencia del cliente de manera rentable y generadora de valor a corto, mediano y largo plazo. Customer Centric no basta si no hay sentido común empresarial.

“El apoyo de asesoría externa podría ser muy útil en estos casos para mejorar los procesos de adquisición de innovación y favorecer su internalización y diálogo con la innovación que nace dentro de la compañía.”

En pocos años – al menos en Latinoamérica pareciera así – la innovación abierta industrial se ha vuelto algo de moda. Primero veíamos a los laboratorios de innovación con mucha gente nueva, con rutinas nuevas, metodologías nuevas, pero con escasos resultados reales (efecto en Estados Financieros, en el valor en bolsa, en la percepción de clientes, etc.). Muchos que innovaron y se atrevieron a establecer “elementos diferentes” con el ánimo de revolucionar la industria se dieron cuenta que las revoluciones aún están bajas pues la cultura no estaba entrenada. Peor aún, no hay un eje de transmisión claro de ese “turbo” que debería brindar la innovación. Incluso, las áreas de investigación y desarrollo tradicionales aún tienen un poder fuerte (y muchas veces, mejores resultados a corto plazo).

Algo no está funcionando bien. ¿Quizás el refrán “más vale malo conocido que bueno por conocer” anotó un punto más a su favor?

Desde el lado de las compañías, aprender a entenderse con startups resulta bastante difícil – ya sea en la exploración o en la inversión. En el Perú ya hemos visto movimientos en la gestión de startups adquiridas por corporaciones que indican acomodos severos en la estrategia y en la sinergia con el core de negocio. Estos acomodos dilatan la adquisición de la innovación y debilitan las ventajas competitivas inicialmente pensadas. Mientras, la innovación interna muchas veces se mantiene separada en toma de decisiones respecto de la integración con estas innovaciones que vienen desde afuera. Desajustes que pasan luego factura.

Desde las startups, llegar a negocios equilibrados puede resultar un infierno. No conocer a su cliente ni el fit del producto, además de tener que lidiar con falta de protocolos al adquirir innovación y ejecutivos con carácter oportunista son parte del problema. Esto lleva a elementos extremos como los siguientes:

• Inequidad en la generación y gestión de la propiedad intelectual,
• Tiempos de negociación interminables,
• No se sabe quién toma la decisión,
• Acuerdos de confidencialidad y no competencia desequilibrados,
• Obstáculos al uso del aprendizaje ¡incluso para generar mejores versiones!,
• Pruebas de concepto en las que prima la intención de ingeniería reversa,
• Periodos de prueba exagerados,
• Periodos de pago largos.

El apoyo de asesoría externa podría ser muy útil en estos casos para mejorar los procesos de adquisición de innovación y favorecer su internalización y diálogo con la innovación que nace dentro de la compañía. Desde el lado de las startups también es útil para aprender a conocer la realidad de las corporaciones y su proceso de adquisición de valor. Mutuo aprendizaje pendiente.

Las corporaciones no son cucos ni hadas, tampoco las startups. Sólo son diferentes y con pendientes en aprender la cultura de la contraparte para llegar a acuerdos que nos permitan riesgos aceptables, convertibilidad de la innovación en valor de manera veloz y mayor valor para los intervinientes.

Si aún no estás en esta etapa, es lógico que no quieras innovación abierta. Nadie la querría. Pero quizás te quede la sensación de que te estás perdiendo de algo muy importante para el presente y futuro.

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